Temas
Rasgos Típicos:
Uno de los rasgos típicos del estilo del Quijote es el humor que se dirige a los lectores de los libros. Cervantes se burlaba de los libros de caballerías y describió situaciones dónde todo es muy exagerado
Don Quijote es esencialmente idealista, soñador, ascético y servicial.
aclarado .El hidalgo manchego Alonso Quijano carece de
conducta, es un hombre que no tiene sentido común. A lo largo de las distintas
aventuras en las que se ve involucrado, dicho caballero, fue sufriendo diversas
alucinaciones. Creía imaginarse situaciones y objetos que en realidad no
existían y eran pura y exclusivamente producto de su imaginación. Como
ejemplificación de su locura podemos citar a Dulcinea del Toboso.
El hidalgo en esta obra sufre un cambio, una metamorfosis en su ser. El hombre parte de la mancha en busca de aventuras y proezas.
Tema Principal:
Es el enfrentamiento entre la ficción y la realidad, el contraste entre la imaginación y fantasía y la experiencia común y usual. El hidalgo enloquece al confundir ficción y realidad.
Don Quijote, movido por su imaginación, transforma la realidad y la interpreta de forma errónea.
La crítica literaria:
Cervantes introduce una serie de situaciones que le permiten enjuiciar la literatura de su época:
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El escrutinio de libros, donde el autor comenta el valor literario de una serie de obras
| Los juicios críticos en boca de distintos personajes
| Los diálogos sobre la publicación de la primera parte
| Las referencias al Quijote de Avellaneda para rechazarlo como apócrifo |
La locura y los ideales
La locura era un motivo frecuente en la literatura del renacimiento, como prueban las obras de Ariosto y de Erasmo de Rótterdam. Don Quijote actúa como un paranoico enloquecido por los libros de caballerías. Unos lo consideran un loco rematado, otros creen que es un "loco entreverado", con intervalos de lucidez. En general se admite que don Quijote actúa como loco en lo concerniente a la caballería andante y razona con sano juicio en lo demás. Don Quijote transforma la realidad y la acomoda a su ficción caballeresca: imagina castillos donde hay ventas, ve gigantes en molinos de viento y, cuando se produce el descalabro, también lo explica según el código caballeresco: los malos encantadores le han escamoteado la realidad, envidiosos de su gloria.
De ahí que Don Quijote provoque, como se ha señalado a menudo, una sonrisa y una lágrima. Nos reímos de los disparates del caballero; pero también sentimos la tristeza de ver fracasar su intento de realizar unos ideales que deberían ser posibles.